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Sueños enlatados VI

La Luna me observa
llena, hermosa y clara
en su manso lecho,
solitaria y chata.

¿Dónde está mi niña?
Dónde, no me llama.
¿Acaso se esconde?
Pregunta asustada.
Se marchó una noche
envuelta en su capa,
en un mar de sueños
de lágrimas plata.

La Luna me observa
llena, hermosa, clara,
se marchó su niña
sin decirle nada.

****

 

Me cubre el silencio,
mi corazón se ahoga en un mar de dolor.

Ella me busca,
extiende tentadora su bella mano, blanca y fría
—Bailemos— susurra
Su voz llena mis sentidos de imágenes de paz.
—Acepto—
y la beso, mientras bailamos el último tango.

 

****

 

 

Le aúlla el lobo a la Luna,
lastimero,
pide sanar sus heridas
de perro carnicero.

No la busques más, no está aquí,
zalamero,
mi niña murió entre tus fauces,
lobo embustero.

Aúlla el lobo más fuerte
pidiendo clemencia,
su instinto depredador
sucumbió a su conciencia.

No hay perdón
tampoco castigo,
sólo un Adiós,
el eterno olvido.

 

****

 

Es en esas noches eternas,
en las que el tiempo se detiene
y la verdad desnuda de tu ausencia
aparece ante mi,
privándome de la más leve esperanza.
Esas noches eternas
oscuras e implacables
de sueños rotos
de ilusiones desechadas,
es, en esas noches,
en las que la muerte aparece,
ofreciéndome el abrazo amigo.

 

*****

 

Pasea la novia su ramo de azahar,
con su sonrisa eterna
se dirige al altar,
se ofrece para el sacrificio
de anular su identidad,
será madre, será esclava,
sin sueños de libertad.

Pasea la novia su ramo de azahar,
blanca y pura, se dirige al altar,
esperando el beso
que a su triste destino,
la condenará.

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