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EL DÍA QUE FRANCO PERDIÓ SU PALIO

Mientras escribo esto, la lápida que cubre la momia de un dictador, está siendo levantada para terminar con los honores que lleva recibiendo desde hace 45 años. Unos honores que la mojigata democracia española, no se había atrevido a detener hasta hoy. Incluso la iglesia católica ha decidido abandonar a su suerte al dictador al que tanto debe. Quizá por eso será la primera vez que Franco no sale de una iglesia bajo palio.

Sacar a Franco de El Valle de Los Caídos podría ser una forma simbólica de romper (por fin) con la herencia del franquismo. Sería bueno que fuera una declaración de intenciones y que después de terminar con lo que simboliza ese enterramiento, se fuesen desmontando el resto de herencias franquistas. Y es que esas herencias siguen impregnando en mayor o menor medida a la Justicia, a las Fuerzas Armadas, al mundo empresarial, al sistema educativo o a la Iglesia Católica.

Una de esas herencias es el Concordato con el Vaticano. Eso no es simbólico. Es un acuerdo que ha condicionado la vida de los españoles, a la vez que concedía a la Iglesia Católica privilegios e influencias vergonzosas. Así, esta institución, como durante el franquismo, sigue entrometiéndose en la educación, en derechos sociales como el matrimonio homosexual o el aborto, incluso se le concede un papel preeminente en temas puramente científicos, como la investigación con células madre. Mientras tanto, mantiene privilegios como: las exenciones fiscales, la financiación blindada, las inmatriculaciones de fincas, casas, palacios, mezquitas… y todo lo que se le pone a tiro. De todos los acuerdos que incluye el Concordato uno de los más hirientes y extravagantes es la presencia de la asignatura de Religión Católica en todos los centros educativos (públicos, concertados y privados), más todavía si se considera el estatus privilegiado que esta tiene. Se puede argumentar que hay que estudiar el papel de las religiones en la historia. Pero habrá que hacerlo de un modo objetivo y sin separar su papel del contexto histórico, es decir lo que ya se hace en la asignatura de Historia. Si hay que hablar de la influencia de la religión en el pensamiento, supongo que se hará en Filosofía. Eso por no hablar de la anomalía que supone que sea la Conferencia Episcopal la que establezca el currículo de la asignatura y escoja unilateralmente y con opacidad a los profesores, pasando por encima de las administraciones laborales y educativas.

Siempre ha habido gente válida, solidaria y comprometida con la sociedad dentro de la iglesia católica. Seguro. ¿Es eso suficiente para que siga en vigor, casi 70 años después el Concordato con el Vaticano? ¿Es eso suficiente para que se mantenga la asignatura de Religión en 2019, más o menos en los mismos términos que acordó Franco con el Vaticano en 1953? (en 1979, lo único que hizo el gobierno de Suárez es adaptar el Concordato al nuevo escenario, pero en la práctica es el mismo acuerdo que firmó la dictadura y del que la iglesia sigue beneficiándose). Más le vale a la iglesia que la gente no se lea el Concordato, porque es una vergüenza que un país soberano mantenga acuerdos de este tipo, que suponen, de alguna forma, una cesión de su soberanía, de parte de sus fondos, de su patrimonio, incluso de su territorio.

Por eso me temo que el papel conciliador y facilitador de la iglesia con la exhumación de Franco, no es altruista. Esta no se ha opuesto a retirar de El Valle de Los Caídos el cadáver, incluso ha colaborado haciendo de mediadora, quizá a cambio de que se siga manteniendo su gran herencia franquista: El Concordato. Tal vez fue esto lo que pactó hace unas semanas Carmen Calvo en el Vaticano, tal vez. Un pacto que permitirá a Sánchez dar un golpe electoral de alto efecto simbólico y a la Iglesia Católica mantener lo que en realidad le interesa: beneficios fiscales, financiación, influencia en el ámbito educativo, la asignatura de religión en todos los centros educativos…

Más allá de lo que simboliza y más allá de la evidente elección electoralista de la fecha de la exhumación, me gustaría que fuera el primer paso de la Democracia Española para continuar desembarazándose de una vez del franquismo que la parió. Pero igual, en realidad, no es el primer paso y es, simplemente, el último. El único. Si por casualidad no fuese el único y a mí me dieran a elegir, después de sacar a Franco de El Valle de Los Caídos, de todas las herencias franquistas que seguirán quedando, la siguiente que sacaría es la Religión de las aulas.

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