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El viaje de Alfredo a Paris

Alfredo, valenciano de 85 años, vinculado con Betxi, padre de 3 hijos y abuelo de 6 nietos, que pronto serían 7, siempre sintió interés y curiosidad por la cultura francesa. Persona informada y amante de la música clásica y los viajes, nunca había salido de España. Aprovechando que su natural inquietud le llevó a emprender estudios de francés, se presentó la oportunidad, junto a su hijo pequeño, de hacer su primera salida al extranjero y visitar París. Al regreso, nos dejó un escrito con sus impresiones sobre el viaje en un correcto francés, que a continuación presentamos traducido al español.

  Eduardo Viana.

No pudo repetir el viaje. Este es un pequeño homenaje, que, gracias a mi tío Eduardo, puedo ofrecerle. Entre otras muchas cosas, me regaló el amor por la música clásica

 Natalia Viana.

VOYAGE À PARIS

Voy a contar a grandes rasgos el viaje que he realizado a París el viernes 27 de marzo de 1992 con mi hijo y mi nuera, de una duración de tres días, hasta regresar a Valencia el domingo 29 por la noche.

El viaje fue por avión, de la compañía Iberia, que partió del aeropuerto de Manises a las nueve menos cuarto de la mañana, a una velocidad de novecientos km/h y diez mil metros de altura, llegando a Paris antes de las diez y media.

El viaje en avión ha resultado muy agradable y confortable, pero a la llegada al aeropuerto de Orly, encontramos un clima muy frio, lluvioso y con mucho viento. No obstante, partimos a descubrir París, iniciando nuestro recorrido por los Campos Elíseos, los cuales tienen una longitud de más de diez kilómetros. Durante la excursión, pudimos ver y apreciar los dos famosos arcos de triunfo: el precioso “Carrusel” y el más afamado de la “Estrella”, que es el más conocido y representativo de la ciudad. Este último fue levantado por Napoleón para celebrar sus victorias y alberga la tumba del “soldado desconocido”. Hay también un tercer arco de triunfo denominado “La Defensa”, construido hace pocos años, más grande que los anteriores, pero con menos calidad artística, a mi parecer.

A continuación, y sucesivamente, hemos visitado y admirado la grandiosidad del Museo del Louvre, con su magnífica pirámide elevada en el centro de su plaza. Al lado encontramos los bonitos jardines de las Tullerías. Después, seguimos nuestra marcha y visitamos el “Hotel de los Inválidos”, donde se encuentra la tumba de Napoleón. Enseguida pasamos a visitar la Catedral de “Notre Dame”, donde se sitúa el kilómetro cero de las carreteras francesas. Continuamos después para visitar el Ayuntamiento (“Hôtel de Ville”) y la Iglesia de la “Madeleine” y la “Conciergerie”, cárcel de Maria Antonieta, la espaciosa plaza del Trocadero, el puente viejo sobre el río Sena, así como otros puentes que se abaten sobre la ribera del río, donde se encuentran amarres, llenos de “bateaux-mouches”, en los cuales se puede embarcar y viajar a lo largo del rio.

Siguiendo nuestro itinerario, pudimos ver la Columna “Vendôme”, fabricada con el bronce de mil doscientos cañones rusos y austriacos tomados por Napoleón en la batalla de Austerlitz, levantada en una extensa plaza; el Centro Pompidou, edificio construido enteramente en metal, sin madera; el “Moulin Rouge” situado en una calle dedicada principalmente a espectáculos y sex-shops; igualmente hemos visitado otros destacables establecimientos comerciales, tales como las Galerías Lafayette o Galerías Ptintemps.

Posteriormente nos desplazamos a Montmartre para visitar la Basílica del Sagrado Corazón, alrededor de la cual hay varios comercios para la venta de souvenirs, siendo muy famosa la plaza de la “Coline”, donde se reúnen pintores de todo el mundo, con la intención de adquirir fama, como otros grandes pintores de la historia. Mucha gente se ha ofrecido a hacernos dibujos, caricaturas o retratos, por precios que podían llegar a los dos mil francos. También hay establecimientos o galerías para exposición y venta de las pinturas y cuadros.

He dejado para el final, escribir sobre la Torre Eiffel. Representa el símbolo de la capital de Francia. Desde ella, se puede admirar una vista extensa que abarca varios kilómetros. Nos desplazamos al centro de la plaza donde se eleva, y nos vimos envueltos entre la multitud que quiere ascender a la Torre, para lo que tuvimos que formar una larga cola a fin de adquirir los billetes. Se puede pedir un ticket cuyo precio varía según la altura a la que se quiere acceder. Hasta el segundo piso, el ascensor sube inclinado, mientras que desde allí, para subir al tercero, hay que tomar otro ascensor que sube de manera vertical y que permite contemplar un espléndido panorama de París.

Después de haber conocido la ciudad, nuestro último recorrido consistió en visitar los alrededores, principalmente el bosque de Vincennes, el zoo, el hipódromo y el castillo. Todos los recorridos y paseos los hemos realizado a pie, en Metro y en ocasiones en coche particular.

En resumen, el viaje ha sido inolvidable y pienso repetirlo en otra ocasión.

 Alfredo Viana Martínez

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